Enero de 2012. Valencia, España. Un compañero y buen amigo me propuso ir a la biblioteca a estudiar. Le dije que no.
Tenía delante los apuntes de Sistemas Avanzados de Control. Estaba a punto de terminar la carrera en la Politécnica de Valencia, pero mi cerebro había decidido declararse en huelga.
Miré a mi querida Epiphone SG-400. Tocar la guitarra siempre me despejaba. Pero ese día, ni el rock and roll podía salvarme del aburrimiento de estudiar.
Así que me senté delante del PC. Acababa de tener una idea que cabrearía a mi profesor.
Empezar un blog. Sobre aviones.
Lo llamé Blogaero en un alarde de ingenio.
Eso era muchísimo más interesante que el libro que se había quedado abierto por la mitad encima de la mesa.
Hoy, casi 15 años después, aquí sigo. Pero ahora diseño sistemas para pájaros de 300 toneladas en Airbus.
Mi fracaso en la Fórmula 1 (y menos mal)
Te voy a contar un secreto: yo me metí en Ingeniería Aeronáutica porque quería ser ingeniero de Fórmula 1. Me obsesionaba con llegar a ser como Adrian Newey y diseñar coches ganadores. De hecho, estuve a punto de trabajar con él en Red Bull Racing, pero esa historia la contaré otro día.
Sea como fuera, la aeronáutica me atrapó.
Lo que empezó como una excusa para no estudiar esa tarde de enero, se convirtió en mi bitácora. Durante un año escribí como un loco sobre curiosidades y accidentes. Luego, me gradué, la vida real llamó a la puerta y el blog pasó a segundo plano.
Pero yo no dejé los aviones. Me metí dentro de ellos.
De la teoría a las tripas de la bestia
He pasado la última década manchándome las manos (metafóricamente, y a veces no tanto) en el sector aeroespacial europeo.
No te hablo desde el sofá de mi casa, ni soy un periodista que reescribe noticias de agencias. Te hablo desde la primera línea de fuego:
- Toulouse, desde 2013 hasta 2016: Empecé trabajando en Liebherr Aerospace. Ya, yo también pensaba que solo hacían grúas y neveras. Allí pasé 4 años desarrollando sistemas neumáticos para varios aviones comerciales. Desde el C919 de COMAC hasta jet privados como el Falcon 5X. Básicamente, me encargaba de que el aire dentro del avión fuera respirable y de que las alas no se congelasen en pleno vuelo (sistema anti-hielo). Poca broma.
- Alemania (hasta ahora): A finales de 2016 di el salto a Airbus. Aquí he ampliado el tiro: más sistemas neumáticos (A320), he cacharreado con los controles de vuelo del Eurofighter y, lo que más me fascina ahora, le he dado mucha caña a los sistemas de hidrógeno.
Sí, estoy trabajando en tecnologías que probablemente no verás en los aeropuertos hasta dentro de unos cuantos años. Y eso es lo que vengo a contarte aquí.

¿Por qué debería importarte esto?
Porque Internet está lleno de ruido.
Cualquiera puede leer la Wikipedia y contarte que un avión vuela por la diferencia de presiones. Muy bien.
En Blogaero, mi obsesión es otra. Quiero usar mi experiencia para explicarte:
- La ingeniería real detrás de los titulares sensacionalistas.
- Cómo funciona esa máquina de 300 toneladas en la que te subes para irte de vacaciones.
- El futuro del sector (hidrógeno, sostenibilidad) explicado sin humo.
Sin tecnicismos infumables. Si puedo explicarle a mi abuela cómo funciona un sistema de bleed air, puedo explicártelo a ti.
Este es nuestro trato
Tengo un trabajo exigente en Airbus. No vivo de este blog, pero me apasiona divulgar.
He visto cosas en los hangares que no salen en las noticias. Si quieres entender la aviación como la entendemos los que la construimos, deja tu email aquí abajo.
Envío cada semana un correo corto con una historia de ingeniería real.
¿Aún no te fías de mí?
Lo entiendo. Sin rencores.
Deja que te cuente uno de los secretos de la aviación que no te cuentan en la universidad. Y es que hasta hace poco, los aviones no eran aviones, eran bombas de relojería con alas.
👉 Gases inertes: cómo evitar que tu avión se convierta en un mechero volante
También puedes encontrarme en LinkedIn, para que veas que detrás de Blogaero hay una persona de verdad, y no una IA sin sentimientos.
