¿Cuál es el avión más rápido del mundo? (Y por qué tu vuelo de vacaciones tarda lo mismo que en 1960)

¿Alguna vez te has sentado en esa butaca estrecha de clase turista, mirando por la ventanilla, y te has preguntado por qué demonios tardamos 8 horas en cruzar el Atlántico?

Vivimos en la era de la inmediatez. Tienes la cena en casa en 20 minutos y la serie de moda en un clic. Pero en la aviación, parece que nos hemos estancado.

Es más, si tu abuelo volaba a Nueva York en los años 60, probablemente llegaba antes que tú.

¿Qué ha pasado aquí?

La historia de la velocidad en la aviación es una historia de obsesión. Una carrera de ingenieros locos, pilotos con nervios de acero y leyes de la física que decían «no puedes pasar» y a las que respondimos con un «sujétame el cubata».

Hoy vamos a destripar los monstruos más rápidos que ha creado el ser humano. Y créeme, cuando acabes de leer esto, ver un Boeing 737 te va a parecer ver un triciclo.

Abróchate el cinturón, que despegamos.

Primero, un poco de física (pero de la facilita)

Antes de hablar de bestias de titanio, necesitamos entender las reglas del juego.

En tu coche miras el velocímetro y ves km/h. Fácil. Pero ahí arriba, las cosas funcionan de otra manera. Nosotros hablamos de Mach.

El número de Mach no es una velocidad fija. Es una relación. Mach 1 es la velocidad del sonido.

¿El problema? Que el sonido es caprichoso. No viaja igual de rápido en la playa de Benidorm a 30ºC que a 11.000 metros de altura a -50ºC. El sonido es como yo yendo al curro en bici: con el frío, viaja más lento.

Por eso usamos el Mach. Porque a un ingeniero aeronáutico le da igual la velocidad sobre el suelo; lo que le importa es cómo se comportan las ondas de choque sobre las alas.

Para que nos hagamos todos una idea:

  • Subsónico: Por debajo de Mach 1 (tu vuelo de vacaciones).
  • Transónico: Rozando el Mach 1 (aquí empiezan los problemas de verdad).
  • Supersónico: Entre Mach 1 y Mach 5 (eso que dicen que primero lo ves pasar y luego lo oyes).
  • Hipersónico: Más de Mach 5. Aquí el aire ya no fluye, se convierte en un plasma que quiere derretir tu avión.

Aclarado esto, vamos a ver quién tiene la corona.

El rey absoluto (sin nadie dentro): El NASA X-43A

Si hablamos de velocidad pura y dura, sin importar nada más, el campeón indiscutible es el X-43A.

No es un avión en el sentido clásico. No tiene piloto, no tiene asientos y, sinceramente, parece más una tabla de surf negra que una aeronave.

A principios de los 2000, la NASA rompió la baraja. Lograron alcanzar Mach 9.6.

Eso son casi 12.000 km/h. Para que te hagas una idea: a esa velocidad, podrías ir de Madrid a Sídney en menos de dos horas. Te daría tiempo a estar de vuelta para la cena.

modelo del x-43a
Una reproducción 3D del bicho.

El secreto: El motor Scramjet

Aquí es donde la ingeniería se pone interesante. Un motor a reacción normal tiene piezas giratorias (compresores, turbinas). Si intentas meter aire a Mach 9 en un motor normal, las piezas saldrían disparadas por el escape.

El X-43 usa un Scramjet (Supersonic Combustion Ramjet).

No tiene piezas móviles. Usa la propia velocidad del avión para comprimir el aire de una forma brutal, inyecta combustible y ¡bum!. Los ingenieros solemos decir que mantener la combustión en un Scramjet es como «intentar mantener encendida una cerilla en medio de un huracán».

La letra pequeña: Como todo lo bueno, tiene trampa. El X-43 no puede despegar. Necesita:

  1. Un bombardero B-52 que lo suba a las alturas.
  2. Un cohete Pegasus que lo acelere hasta Mach 4.
  3. Y ahí, solo ahí, el X-43 se suelta y enciende su motor para meterse en régimen hipersónico.

¿Duración del vuelo récord? Unos 10 segundos. Suficiente para hacer historia, insuficiente para servirte un zumo de tomate.

El cohete con alas: North American X-15

Vale, el X-43 es impresionante, pero es un dron. ¿Qué pasa cuando metemos a un ser humano dentro?

Entra en escena el North American X-15.

Esto no era un avión. Era un misil balístico con un asiento atornillado y un piloto rezando dentro. Operó en los años 60 y, a día de hoy, sigue teniendo el récord absoluto de velocidad en un avión tripulado: Mach 6.7 (7.274 km/h).

Curiosidades que te vuelan la cabeza del X-15:

  • Fuego en el fuselaje: El rozamiento con el aire a esa velocidad generaba tanto calor (más de 650ºC) que el avión tenía que estar hecho de una aleación especial de níquel-cromo llamada Inconel-X. Al aterrizar, estaba tan caliente que no se podía tocar.
  • Astronautas, no pilotos: El X-15 volaba tan alto (más de 100 km) que muchos de sus pilotos recibieron el título oficial de astronauta.
  • Sin motor para volver: El combustible se gastaba en menos de dos minutos. El resto del vuelo era un planeo de ladrillo cayendo hacia el desierto de Mojave. El aterrizaje se hacía con esquíes traseros en lugar de ruedas.

¿Uno de sus pilotos más famosos? Un tal Neil Armstrong. Quizás te suene, años después se dio un paseo por la Luna. Se ve que le gustaban las emociones fuertes.

Ya conté en su día estas y más curiosidades en este otro artículo. Guárdatelo en favoritos para la próxima vez que no tengas a mano un bote de champú para leer la etiqueta.

el X-15 era el avion con piloto mas rapido del mundo
El X-15 tomando tierra después de sobrevivir a otro vuelo de los suyos.

La leyenda negra: Lockheed SR-71 Blackbird

Aquí es donde me pongo de pie.

El X-15 era un experimento. Pero el SR-71 Blackbird era un avión operativo. Un avión espía diseñado para entrar en territorio hostil, hacer fotos y salir antes de que nadie supiera qué había pasado.

Es, sin duda, la obra maestra de la ingeniería aeroespacial del siglo XX.

Su velocidad de crucero era superior a Mach 3 (más de 3.500 km/h). Y lo mejor: podía mantener esa velocidad durante horas, no solo segundos como los anteriores.

foto del SR-71 blackbird, uno de los aviones más rápidos del mundo
El SR-71, que seguramente habrás visto en innumerables películas y videojuegos.

¿Por qué el SR-71 es una maravilla técnica?

Diseñar esto en los años 60, sin ordenadores modernos, fue una proeza. Tuvieron que reinventar la aviación:

  1. Crecía en vuelo: A Mach 3, la fricción del aire calienta tanto el avión que el fuselaje de titanio se expandía varios centímetros. Si lo hubieran construido «ajustado», se habría roto en el aire.
  2. Goteaba en el suelo: Debido a esa expansión necesaria, en tierra, cuando el avión estaba frío, los paneles no encajaban bien y el combustible se derramaba sobre la pista. El avión tenía que despegar, calentarse por la fricción para «sellarse» y luego repostar en el aire. Una locura maravillosa.
  3. El titanio soviético: Estados Unidos no tenía suficiente titanio para construirlo. ¿A quién se lo compraron? A la URSS, usando empresas fantasma. Los soviéticos vendieron el material para el avión que les espiaría durante décadas.

La anécdota del misil: El manual de vuelo del SR-71 para evadir un misil tierra-aire era insultantemente simple: Acelera. Se dispararon más de 4.000 misiles contra los Blackbirds a lo largo de su historia. Ninguno, repito, ninguno logró alcanzarlo jamás. El avión era más rápido que los misiles.

La bestia soviética: MiG-25 Foxbat

Cuando los soviéticos se enteraron de lo que tramaban los americanos, entraron en pánico y crearon el MiG-25.

Era una bestia de fuerza bruta. Capaz de alcanzar Mach 3.2, tenía unos motores del tamaño de autobuses. Pero tenía un problema grave: si pasaba de Mach 2.8, las turbinas empezaban a desintegrarse y los motores quedaban inservibles.

Aun así, fue el caza interceptor más rápido jamás puesto en servicio y le dio más de un susto a la OTAN.

El pepino soviético, también llamado MiG-25.

¿Y qué pasa con los pasajeros? La era dorada (y perdida)

Dejamos el mundo militar y volvemos a lo que nos toca: viajar.

Aquí solo hay un nombre que evoca glamour, champán y velocidad: El Concorde.

Volar en el Concorde no era solo transportarse, era viajar en el tiempo. Despegabas de Londres a las 10:00 y aterrizabas en Nueva York a las 09:00 (hora local). Llegabas antes de haber salido.

Velocidad: Mach 2.04 (2.179 km/h). Tiempo Londres-NY: Menos de 3 horas y media.

¿Por qué murió el sueño supersónico?

Muchos culpan al accidente de París en el año 2000, pero la realidad es económica y física.

  1. El consumo era obsceno: El Concorde quemaba 25.000 litros de combustible por hora. Un Boeing 747, llevando a 400 personas (el cuádruple que el Concorde), consumía mucho menos por pasajero.
  2. El Boom Sónico: Cuando un avión rompe la barrera del sonido, crea una onda de choque que en el suelo suena como una explosión. Rompía ventanas y asustaba al ganado. Por eso, al Concorde le prohibieron volar supersónico sobre tierra firme. Solo podía correr sobre el mar.

Existió también el «Concordski» (Tupolev Tu-144) soviético, que era incluso más rápido, pero tan ruidoso por dentro que los pasajeros tenían que pasarse notas escritas para comunicarse porque no se oían hablar.

Duró dos telediarios.

También escribí un artículo sobre él, para que te lo leas cuando termines este.

El Concorde en acción.

La triste realidad actual: ¿Por qué volamos tan lento?

Y aquí llegamos a la pregunta del millón. Si en los 70 volábamos a Mach 2, ¿por qué hoy tu Airbus A320 o tu Boeing 737 se arrastran a Mach 0.8 (unos 850-900 km/h)?

La respuesta es aburrida pero poderosa: Eficiencia.

En la ingeniería aeronáutica hay una barrera invisible llamada «Arrastre por divergencia de Mach». Cuando te acercas a la velocidad del sonido, la resistencia del aire no sube linealmente, sube exponencialmente. Es como chocar contra un muro invisible.

Para atravesar ese muro necesitas una cantidad estúpida de energía (combustible).

Los motores modernos (esos turbofans gigantes que ves debajo de las alas) están diseñados para mover mucho aire despacio, no poco aire rápido. Son increíblemente eficientes, silenciosos y fiables. Nos permiten volar a Tailandia por 600 euros ida y vuelta.

Si quisiéramos ir a Mach 2, ese billete te costaría 10.000 euros. Y la mayoría de la gente prefiere tardar 12 horas y tener dinero para el hotel y el curso de buceo, que tardar 6 y no poder pagarse ni un sándwich.

El futuro: ¿Volveremos a correr?

No todo está perdido. Hay esperanza para los amantes de la velocidad.

Empresas como Boom Supersonic están desarrollando sus propios herederos del Concorde. Prometen Mach 1.7 con combustibles sostenibles y tecnologías que amortiguan el boom sónico.

Y la NASA está probando el X-59, un avión diseñado para romper la barrera del sonido haciendo un ruido similar al de cerrar la puerta de un coche, en lugar de una explosión.

Veremos en qué queda.

reproduccion del X-59
El X-59 de la NASA, también llamado Low-Boom demonstrator.

Conclusión

La carrera por ser el avión más rápido del mundo nos dejó máquinas que parecían ciencia ficción. Desde el X-43 rozando el espacio a Mach 9.6, hasta el elegante Concorde cruzando el Atlántico mientras te servían caviar.

Hoy hemos cambiado la velocidad pura por la democratización del vuelo. Volamos más lento, sí, pero volamos todos.

Aunque, entre tú y yo, como ingeniero… daría lo que fuera por sentir, aunque fuera una vez, el empuje de los postquemadores de un SR-71 poniéndose a Mach 3 y dejando al sol atrás.

Porque al final, la aviación no es solo ir del punto A al B. Es la magia de desafiar lo imposible.


El 62% de los pasajeros se duerme antes del despegue.

Tú te has leído 1.200 palabras sobre motores Scramjet y aleaciones de titanio. Está claro que no eres un pasajero normal: eres un trastornado de la aviación, como yo.

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